¿Por qué hay cada vez más adolescentes desaparecidos?
Jorge Ramírez Plascencia
septiembre 2, 2026
https://redaccion.nexos.com.mx/por-que-hay-cada-vez-mas-adolescentes-desaparecidos
Hacia finales de agosto, dos adolescentes de 14 y 15 años, que tenían ficha de búsqueda en Jalisco desde el 15 de julio, fueron localizados con vida en Mazatlán tras escaparse de un lugar donde estaban retenidos, dijeron, junto a más de veinte jóvenes en sus mismas condiciones.
Noticias como estas, tristemente conocidas en Jalisco desde hace tiempo, se han multiplicado a partir de 2025. No todas tienen que ver con este estado. En junio, por ejemplo, se dio a conocer la localización sin vida de tres adolescentes en Tecate, Baja California, que desaparecieron en abril en el mismo municipio luego de recibir una oferta de trabajo.
Hay muchos casos que no han sido noticia y de otros ni siquiera hay registro de que ocurrieron. En junio de 2025, se publicó la cédula de búsqueda de Manuel, un adolescente de 15 años desaparecido en marzo, en Zapopan, Jalisco. Tenía la leyenda “Localizado Sin Vida”. A sabiendas de que las autoridades no darían más información, traté de encontrar pistas sobre su muerte. Tuve suerte. Supe que Manuel había sido “reclutado” por un grupo criminal y que su muerte había ocurrido en Michoacán, en un enfrentamiento que tuvo la Marina con una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación en mayo de ese año. En el listado de casos del registro estatal, Manuel no existe. No hay nadie que fuese localizado sin vida en Michoacán en mayo de ese año con su edad, su sexo y su mes de desaparición.
También comienzan a ser cotidianas las noticias de funcionarios de seguridad y búsqueda interesados en hablar sobre reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes (NNA). He visto notas de Michoacán, Jalisco, Oaxaca y Nayarit. Han dado a conocer información que tal vez ni por transparencia habrían hecho pública meses atrás. No es coincidencia. Si bien se adivina el origen de la instrucción, la preocupación parece genuina.
Una crisis sin medida
Varios indicios sugieren que en México ha aumentado el reclutamiento de NNA por grupos criminales. Este delito suele estar asociado a la desaparición de la víctima, por lo que también estas irían en aumento. Sin embargo, como ha insistido desde hace tiempo la Red Nacional de los Derechos de la Infancia (REDIM), no existen datos oficiales sobre reclutamiento por grupos criminales de niñas, niños y adolescentes.
En la prensa se cita a menudo al Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, que en 2023 calculó en 30 000 los niños que se habían unido a grupos criminales, aunque no se aclara si es una cifra anual o acumulada. Si bien es un dato impactante, no hay forma de contrastarlo o desagregarlo para conocer cómo se integró.
Ante la ausencia de información oficial, la REDIM realiza estimaciones anuales con base en datos censales del INEGI. Se basa en la identificación y conteo de los adolescentes privados de la libertad por delitos asociados a la delincuencia organizada. Si cometieron estos delitos, se les puede considerar probables víctimas de reclutamiento. En su último informe, afirman que entre 388 y 1084 adolescentes estuvieron en esta condición en 2024. La cifra fue superior en 20% a la registrada en 2023, que fue de 899. En unos meses se sabrá qué sucedió en 2025. Es previsible un aumento.
Debería ser posible elaborar una estimación sobre reclutamiento de menores a partir de los registros oficiales de personas desaparecidas. Es cierto que no todos los casos de reclutamiento de menores implican la desaparición de la víctima y no toda desaparición se denuncia. El caso de Víctor Ubaldo, el adolescente de 17 años que asesinó en noviembre al alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, es más que ilustrativo. Víctor fue reclutado y utilizado por un grupo criminal para cometer este delito, pero no tenía denuncia por desaparición. Cualquier cálculo que se haga, pues, sobre estos datos debe tener en cuenta esta limitación.
En mayo de 2025, con base en datos del registro estatal de personas desaparecidas de Jalisco, el Comité de Análisis sobre Desapariciones de la Universidad de Guadalajara alertó sobre un incremento inusual de casos de personas que permanecían desaparecidas en Jalisco en el grupo de edad de 15 a 19 años y señaló el reclutamiento forzado como causa. ¿Qué se puede observar si hacemos un ejercicio similar con base en la información del Registro de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO)?
Desapariciones excesivas
Para aproximarnos a identificar el posible efecto del reclutamiento forzado, partamos de la hipótesis de que este afecta de manera desproporcionada a los varones adolescentes y que sus efectos son más visibles a partir de los 12 años. Se asume, además, que son más informativos los registros de menores que permanecen desaparecidos que el total de reportes y que la comparación de años por pares permite reducir el efecto de fluctuaciones atípicas. Bajo estas condiciones, según consulta realizada el 20 de agosto, los datos sobre adolescentes varones de 12 a 17 años habían mostrado un comportamiento ascendente a partir de 2023 y se habrían estabilizado el año pasado luego de un incremento considerable de casi 50% en 2024:
Como se puede observar, en 2024 y 2025 permanecían sin localizar 1288 adolescentes varones de 12 a 17 años. De acuerdo con el comportamiento de los dos años anteriores según cálculo con media móvil simple, habrían sido esperables alrededor de 905 casos. Hay, por tanto, un exceso de aproximadamente 383 casos. Este exceso es compatible con la hipótesis de que el reclutamiento forzado de adolescentes varones está contribuyendo al aumento reciente de las desapariciones.
El análisis por entidad federativa revela que este exceso de casos no se distribuye aleatoriamente, sino que tiende a concentrarse en algunas de ellas y sugieren más que sólo compatibilidad de la hipótesis del reclutamiento forzado:
Me parece significativo que sean Jalisco y Sinaloa las entidades donde se registran más casos. Si bien en parte de los casos de Sinaloa la causa de la desaparición podría ser el homicidio o el desplazamiento forzado, que han impactado también a este grupo de edad en los últimos meses por el conflicto en esa zona, hay menciones recurrentes al incremento del reclutamiento forzado. Sobre Jalisco, no parece existir otra causa reciente capaz de generar este aumento que el reclutamiento forzado. En el resto de las entidades se podrían documentar casos recientes de adolescentes desaparecidos cuya causa presumible es también el reclutamiento por grupos criminales.
El conflicto de Sinaloa como causa
El conflicto armado entre grupos criminales que integraban al Cártel de Sinaloa ha sido largo y devastador. Se habla de 3600 homicidios y 4000 desapariciones en tan sólo dos años, quizás con una cifra negra alta, favorecida por la geografía de Sinaloa y la propensión a ocultar a las víctimas mortales de balaceras. El conflicto fragmentó a la organización en grupos antagónicos, pero también colapsó la división interna de roles de sus células operativas. Los más jóvenes e inexpertos, dedicados antes a labores de vigilancia, se volvieron muy pronto parte de los efectivos en combate, como apunta el informe de Crisis Group.
Desde el año pasado, hay noticias de que las partes en conflicto han tratado de compensar la acelerada pérdida de hombres dispuestos a disparar con adolescentes reclutados a la fuerza. A inicios de este año, un exfuncionario de la DEA advirtió sobre el uso de niños como sicarios. Si bien el reclutamiento de adolescentes pudo iniciar en Sinaloa, debió extenderse rápidamente a otras entidades donde las facciones tienen fuerza, aliados o socios.
Por versiones periodísticas, se sabe que una de las fracciones en disputa tiene un acuerdo con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que implica, entre otros apoyos, el envío de efectivos de combate. Los casos que se conocen por la prensa sugieren que ese acuerdo existe, como también los datos oficiales de Jalisco. Según su registro estatal de personas desaparecidas, desde el 1 de enero de 2025 hasta agosto de este año se han encontrado en Sinaloa —o se han escapado de ahí— 12 adolescentes reportados como desaparecidos en aquella entidad y 4 sin vida. Es probable, además, que el CJNG no solo esté reclutando a la fuerza en Jalisco, su principal bastión, sino también en otros estados donde tiene una fuerza considerable.
Hay que subrayar que el exceso calculado en 383 adolescentes desaparecidos sin localizar captura sólo una parte del total. Muchos casos no se denuncian; si se denuncian, no se registran (como sucedió con Manuel); o bien, fueron localizados y, por ello, no están integrados en la estimación que se hizo. Esto es importante tenerlo en cuenta para no subestimar la cantidad real de adolescentes que han participado en los enfrentamientos ocurridos en Sinaloa y que puede ser significativamente mayor.
La necesidad de disponer de más hombres armados por parte de los grupos criminales que se enfrentan en Sinaloa pudo generar un efecto dominó de reclutamiento que se ha propagado por varios estados y que explicaría parte del aumento de las desapariciones que se registran en general en el país. Podría dar sentido al exceso de desapariciones de adolescentes que han ocurrido en estados del Pacífico: de Michoacán a Baja California, según la tabla presentada arriba.
El uso bélico de adolescentes
La noción común en México sobre lo que significa el reclutamiento de NNA por grupos criminales es insuficiente para entender correctamente lo que ocurre en Sinaloa. Se asume generalmente que la captación sucede en grupos consolidados y mercados ilícitos estables con el fin de obtener una ventaja táctica o mano de obra barata. En cambio, lo que hemos visto estos meses, al menos en la forma de reclutamiento practicada por el CJNG, es más bien una lógica de captura masiva que se aprovecha de su vulnerabilidad para movilizarlos en cuestión de días, con nula o precaria capacitación, a puntos de confrontación donde el riesgo de morir o resultar lesionado es muy alto.
El empleo de este tipo de reclutamiento en Sinaloa, digamos, más bélico que criminal, parecería derivar únicamente de una situación de escasez: a falta de cuadros adultos y con experiencia, se comenzó a forzar a menores de edad a que participaran directamente en los enfrentamientos. Si bien la escasez pudo ser el detonante, la “solución” se ajusta a una lógica conocida de utilización de niñas, niños y adolescentes en conflictos armados.
La experiencia de Colombia en este sentido es muy instructiva. Al igual que en México, el reclutamiento de menores se ha disparado en los últimos años a la par de su uso como “combatientes baratos y prescindibles que pueden desempeñar las funciones más peligrosas, ya sea en la primera línea de combate o en la producción y distribución de artefactos explosivos. Son soldados rasos en las campañas de expansión y carne de cañón en luchas con sus rivales” (Menores en el frente de batalla, febrero de 2026, p. 2).
Lo que está en curso
El conflicto en Sinaloa tiene una dimensión velada donde transcurre el reclutamiento y utilización de adolescentes, cuyo tamaño y características se desconocen en gran medida. Quizás esto explique, en parte, su duración y letalidad. Está por verse, además, hasta qué punto dejó de ser una disputa local o regional por el control de Sinaloa para convertirse en una batalla decisiva para el CJNG y sus pretensiones de hegemonía criminal.
Aunque parece razonable asumir que la disminución o fin del conflicto reducirá el reclutamiento forzado a sus niveles previos, es probable que la tendencia se mantenga por más tiempo. Los grupos criminales que sobrevivan al conflicto estarán mermados operativa y financieramente, y valerse forzadamente de menores es una estrategia frecuente en situaciones de crisis y reconfiguración criminal. Desde el punto de vista de los delincuentes, no solo significa disponer rápidamente de mano de obra barata, manipulable y fácilmente reemplazable, sino también de ventajas operativas y legales de las que carecen los adultos.
El uso intensivo de menores en Sinaloa no solo pudo generar el efecto dominó comentado arriba, sino una señal de que es una población que se puede instrumentalizar impunemente para fines criminales. El largo silencio oficial sobre el tema, que apenas se rompió hace unas semanas, y la tendencia de las burocracias a ocultar la incidencia real de casos de reclutamiento y desaparición podrían haber reforzado esa señal de impunidad. Ante la evidencia, además, de que el CJNG se ha transformado en un reclutador activo y brutal de adolescentes cada vez más jóvenes, no hay que descartar un interés creciente de otros grupos criminales por no quedarse rezagados y decidirse a extraer rentas de esta población mediante un reclutamiento más intenso y deliberado.
Jorge Ramírez Plascencia
Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara
Hacia finales de agosto, dos adolescentes de 14 y 15 años, que tenían ficha de búsqueda en Jalisco desde el 15 de julio, fueron localizados con vida en Mazatlán tras escaparse de un lugar donde estaban retenidos, dijeron, junto a más de veinte jóvenes en sus mismas condiciones.
Noticias como estas, tristemente conocidas en Jalisco desde hace tiempo, se han multiplicado a partir de 2025. No todas tienen que ver con este estado. En junio, por ejemplo, se dio a conocer la localización sin vida de tres adolescentes en Tecate, Baja California, que desaparecieron en abril en el mismo municipio luego de recibir una oferta de trabajo.
Hay muchos casos que no han sido noticia y de otros ni siquiera hay registro de que ocurrieron. En junio de 2025, se publicó la cédula de búsqueda de Manuel, un adolescente de 15 años desaparecido en marzo, en Zapopan, Jalisco. Tenía la leyenda “Localizado Sin Vida”. A sabiendas de que las autoridades no darían más información, traté de encontrar pistas sobre su muerte. Tuve suerte. Supe que Manuel había sido “reclutado” por un grupo criminal y que su muerte había ocurrido en Michoacán, en un enfrentamiento que tuvo la Marina con una célula del Cártel Jalisco Nueva Generación en mayo de ese año. En el listado de casos del registro estatal, Manuel no existe. No hay nadie que fuese localizado sin vida en Michoacán en mayo de ese año con su edad, su sexo y su mes de desaparición.
También comienzan a ser cotidianas las noticias de funcionarios de seguridad y búsqueda interesados en hablar sobre reclutamiento forzado de niñas, niños y adolescentes (NNA). He visto notas de Michoacán, Jalisco, Oaxaca y Nayarit. Han dado a conocer información que tal vez ni por transparencia habrían hecho pública meses atrás. No es coincidencia. Si bien se adivina el origen de la instrucción, la preocupación parece genuina.
Una crisis sin medida
Varios indicios sugieren que en México ha aumentado el reclutamiento de NNA por grupos criminales. Este delito suele estar asociado a la desaparición de la víctima, por lo que también estas irían en aumento. Sin embargo, como ha insistido desde hace tiempo la Red Nacional de los Derechos de la Infancia (REDIM), no existen datos oficiales sobre reclutamiento por grupos criminales de niñas, niños y adolescentes.
En la prensa se cita a menudo al Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, que en 2023 calculó en 30 000 los niños que se habían unido a grupos criminales, aunque no se aclara si es una cifra anual o acumulada. Si bien es un dato impactante, no hay forma de contrastarlo o desagregarlo para conocer cómo se integró.
Ante la ausencia de información oficial, la REDIM realiza estimaciones anuales con base en datos censales del INEGI. Se basa en la identificación y conteo de los adolescentes privados de la libertad por delitos asociados a la delincuencia organizada. Si cometieron estos delitos, se les puede considerar probables víctimas de reclutamiento. En su último informe, afirman que entre 388 y 1084 adolescentes estuvieron en esta condición en 2024. La cifra fue superior en 20% a la registrada en 2023, que fue de 899. En unos meses se sabrá qué sucedió en 2025. Es previsible un aumento.
Debería ser posible elaborar una estimación sobre reclutamiento de menores a partir de los registros oficiales de personas desaparecidas. Es cierto que no todos los casos de reclutamiento de menores implican la desaparición de la víctima y no toda desaparición se denuncia. El caso de Víctor Ubaldo, el adolescente de 17 años que asesinó en noviembre al alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, es más que ilustrativo. Víctor fue reclutado y utilizado por un grupo criminal para cometer este delito, pero no tenía denuncia por desaparición. Cualquier cálculo que se haga, pues, sobre estos datos debe tener en cuenta esta limitación.
En mayo de 2025, con base en datos del registro estatal de personas desaparecidas de Jalisco, el Comité de Análisis sobre Desapariciones de la Universidad de Guadalajara alertó sobre un incremento inusual de casos de personas que permanecían desaparecidas en Jalisco en el grupo de edad de 15 a 19 años y señaló el reclutamiento forzado como causa. ¿Qué se puede observar si hacemos un ejercicio similar con base en la información del Registro de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO)?
Desapariciones excesivas
Para aproximarnos a identificar el posible efecto del reclutamiento forzado, partamos de la hipótesis de que este afecta de manera desproporcionada a los varones adolescentes y que sus efectos son más visibles a partir de los 12 años. Se asume, además, que son más informativos los registros de menores que permanecen desaparecidos que el total de reportes y que la comparación de años por pares permite reducir el efecto de fluctuaciones atípicas. Bajo estas condiciones, según consulta realizada el 20 de agosto, los datos sobre adolescentes varones de 12 a 17 años habían mostrado un comportamiento ascendente a partir de 2023 y se habrían estabilizado el año pasado luego de un incremento considerable de casi 50% en 2024:
Como se puede observar, en 2024 y 2025 permanecían sin localizar 1288 adolescentes varones de 12 a 17 años. De acuerdo con el comportamiento de los dos años anteriores según cálculo con media móvil simple, habrían sido esperables alrededor de 905 casos. Hay, por tanto, un exceso de aproximadamente 383 casos. Este exceso es compatible con la hipótesis de que el reclutamiento forzado de adolescentes varones está contribuyendo al aumento reciente de las desapariciones.
El análisis por entidad federativa revela que este exceso de casos no se distribuye aleatoriamente, sino que tiende a concentrarse en algunas de ellas y sugieren más que sólo compatibilidad de la hipótesis del reclutamiento forzado:
Me parece significativo que sean Jalisco y Sinaloa las entidades donde se registran más casos. Si bien en parte de los casos de Sinaloa la causa de la desaparición podría ser el homicidio o el desplazamiento forzado, que han impactado también a este grupo de edad en los últimos meses por el conflicto en esa zona, hay menciones recurrentes al incremento del reclutamiento forzado. Sobre Jalisco, no parece existir otra causa reciente capaz de generar este aumento que el reclutamiento forzado. En el resto de las entidades se podrían documentar casos recientes de adolescentes desaparecidos cuya causa presumible es también el reclutamiento por grupos criminales.
El conflicto de Sinaloa como causa
El conflicto armado entre grupos criminales que integraban al Cártel de Sinaloa ha sido largo y devastador. Se habla de 3600 homicidios y 4000 desapariciones en tan sólo dos años, quizás con una cifra negra alta, favorecida por la geografía de Sinaloa y la propensión a ocultar a las víctimas mortales de balaceras. El conflicto fragmentó a la organización en grupos antagónicos, pero también colapsó la división interna de roles de sus células operativas. Los más jóvenes e inexpertos, dedicados antes a labores de vigilancia, se volvieron muy pronto parte de los efectivos en combate, como apunta el informe de Crisis Group.
Desde el año pasado, hay noticias de que las partes en conflicto han tratado de compensar la acelerada pérdida de hombres dispuestos a disparar con adolescentes reclutados a la fuerza. A inicios de este año, un exfuncionario de la DEA advirtió sobre el uso de niños como sicarios. Si bien el reclutamiento de adolescentes pudo iniciar en Sinaloa, debió extenderse rápidamente a otras entidades donde las facciones tienen fuerza, aliados o socios.
Por versiones periodísticas, se sabe que una de las fracciones en disputa tiene un acuerdo con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) que implica, entre otros apoyos, el envío de efectivos de combate. Los casos que se conocen por la prensa sugieren que ese acuerdo existe, como también los datos oficiales de Jalisco. Según su registro estatal de personas desaparecidas, desde el 1 de enero de 2025 hasta agosto de este año se han encontrado en Sinaloa —o se han escapado de ahí— 12 adolescentes reportados como desaparecidos en aquella entidad y 4 sin vida. Es probable, además, que el CJNG no solo esté reclutando a la fuerza en Jalisco, su principal bastión, sino también en otros estados donde tiene una fuerza considerable.
Hay que subrayar que el exceso calculado en 383 adolescentes desaparecidos sin localizar captura sólo una parte del total. Muchos casos no se denuncian; si se denuncian, no se registran (como sucedió con Manuel); o bien, fueron localizados y, por ello, no están integrados en la estimación que se hizo. Esto es importante tenerlo en cuenta para no subestimar la cantidad real de adolescentes que han participado en los enfrentamientos ocurridos en Sinaloa y que puede ser significativamente mayor.
La necesidad de disponer de más hombres armados por parte de los grupos criminales que se enfrentan en Sinaloa pudo generar un efecto dominó de reclutamiento que se ha propagado por varios estados y que explicaría parte del aumento de las desapariciones que se registran en general en el país. Podría dar sentido al exceso de desapariciones de adolescentes que han ocurrido en estados del Pacífico: de Michoacán a Baja California, según la tabla presentada arriba.
El uso bélico de adolescentes
La noción común en México sobre lo que significa el reclutamiento de NNA por grupos criminales es insuficiente para entender correctamente lo que ocurre en Sinaloa. Se asume generalmente que la captación sucede en grupos consolidados y mercados ilícitos estables con el fin de obtener una ventaja táctica o mano de obra barata. En cambio, lo que hemos visto estos meses, al menos en la forma de reclutamiento practicada por el CJNG, es más bien una lógica de captura masiva que se aprovecha de su vulnerabilidad para movilizarlos en cuestión de días, con nula o precaria capacitación, a puntos de confrontación donde el riesgo de morir o resultar lesionado es muy alto.
El empleo de este tipo de reclutamiento en Sinaloa, digamos, más bélico que criminal, parecería derivar únicamente de una situación de escasez: a falta de cuadros adultos y con experiencia, se comenzó a forzar a menores de edad a que participaran directamente en los enfrentamientos. Si bien la escasez pudo ser el detonante, la “solución” se ajusta a una lógica conocida de utilización de niñas, niños y adolescentes en conflictos armados.
La experiencia de Colombia en este sentido es muy instructiva. Al igual que en México, el reclutamiento de menores se ha disparado en los últimos años a la par de su uso como “combatientes baratos y prescindibles que pueden desempeñar las funciones más peligrosas, ya sea en la primera línea de combate o en la producción y distribución de artefactos explosivos. Son soldados rasos en las campañas de expansión y carne de cañón en luchas con sus rivales” (Menores en el frente de batalla, febrero de 2026, p. 2).
Lo que está en curso
El conflicto en Sinaloa tiene una dimensión velada donde transcurre el reclutamiento y utilización de adolescentes, cuyo tamaño y características se desconocen en gran medida. Quizás esto explique, en parte, su duración y letalidad. Está por verse, además, hasta qué punto dejó de ser una disputa local o regional por el control de Sinaloa para convertirse en una batalla decisiva para el CJNG y sus pretensiones de hegemonía criminal.
Aunque parece razonable asumir que la disminución o fin del conflicto reducirá el reclutamiento forzado a sus niveles previos, es probable que la tendencia se mantenga por más tiempo. Los grupos criminales que sobrevivan al conflicto estarán mermados operativa y financieramente, y valerse forzadamente de menores es una estrategia frecuente en situaciones de crisis y reconfiguración criminal. Desde el punto de vista de los delincuentes, no solo significa disponer rápidamente de mano de obra barata, manipulable y fácilmente reemplazable, sino también de ventajas operativas y legales de las que carecen los adultos.
El uso intensivo de menores en Sinaloa no solo pudo generar el efecto dominó comentado arriba, sino una señal de que es una población que se puede instrumentalizar impunemente para fines criminales. El largo silencio oficial sobre el tema, que apenas se rompió hace unas semanas, y la tendencia de las burocracias a ocultar la incidencia real de casos de reclutamiento y desaparición podrían haber reforzado esa señal de impunidad. Ante la evidencia, además, de que el CJNG se ha transformado en un reclutador activo y brutal de adolescentes cada vez más jóvenes, no hay que descartar un interés creciente de otros grupos criminales por no quedarse rezagados y decidirse a extraer rentas de esta población mediante un reclutamiento más intenso y deliberado.
Jorge Ramírez Plascencia
Profesor investigador de la Universidad de Guadalajara
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